Ancianos entre vosotros

Evidencia que exige demoler y reedificar.

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Existen Ancianos entre vosotros? Cualquiera que haya estudiado gramática elemental, sabe lo que es una preposición. Pedro sin conocer de gramática, uso dos veces, en dos versículos la misma preposición, la cual nos arroja tremenda luz en cuanto a la posición de los ancianos en la iglesia, veamos:

“Ruego a los ancianos que están ENTRE vosotros…”, “Apacentad la grey de Dios que está ENTRE vosotros…” (1 Ped. 5:1,2).

Esta preposición “ENTRE”, significa ser parte, ser contado, o ser considerado parte integral de un todo, estar en el interior de algo, o estar rodeado. En este contexto, la preposición ENTRE denota el lugar que deben ocupar los ancianos en el cuerpo de Cristo, lo cual implica que tanto ellos como los demás miembros, conforman físicamente una unidad, lejos de estar separados por algún concepto de grandeza, lo cual atenta contra la igualdad que debe existir en todo el cuerpo de Cristo. (Mc. 10:42,43a); (1 Cor. 12:12,20,27); (Rom. 12:5).

El ministerio que debieran ejercer los ancianos en la congregación no debe afectar su lugar dentro del cuerpo, su labor de supervisión y de ayuda es desde el lugar donde se encuentran, es decir “ENTRE..” el cuerpo, o entretejidos en él, sin necesidad de estar fuera de él. Cuando un miembro del cuerpo, abandona su lugar ENTRE sus hermanos para ejercer una posición de liderazgo, deja de estar ENTRE ellos, para ocupar un nuevo lugar ENFRENTE de ellos. (3 Jn. 9). Esta preposición, ENFRENTE, significa; “uno que mira opuestamente a los demás , o que está AL FRENTE de ellos”.

Este es un claro ejemplo del ministerio pastoral moderno, donde el ministro NO está ENTRE la congregación, sino ENFRENTE de ella, creando así una jerarquía en la iglesia, donde los laicos están subordinados al clero, esto es, al líder, el cual, ha tomado una postura nueva, fuera de su lugar correspondiente. Esto por supuesto descompone el funcionamiento del cuerpo, porque…

Un miembro que renuncia a su lugar ENTRE los demás rompe los ligamentos y las coyunturas que lo unían a los otros miembros, dejando así un vacío en el cuerpo.

Es interesante notar, pues, que el lugar de los ancianos en la iglesia, era ENTRE sus hermanos y no AL FRENTE de ellos, de otro modo, Pedro hubiera dicho: “Ruego a los ancianos que están AL FRENTE de vosotros”, lo cual respaldaría al pastorado de nuestro tiempo, pero no fue así. Pedro como los demás Apóstoles veían a la iglesia como una confraternidad, estrechamente unida, donde los que cuidaban la grey eran vistos como parte de la misma, rechazando las aspiraciones de grandeza, títulos, jerarquías, lo cual crearía desconfianza, críticas, resentimiento o temor.

Que los ancianos fueran profetas, maestros o supervisores, esto no afectaba su ministerio, ni los enaltecía, sino que permanecían ocupando su mismo lugar ENTRE la grey. De esta manera, ellos entendían que delante de Dios no hay grandes, solo uno, Cristo, a quien Dios dio por Cabeza sobre todas la cosas a la iglesia. (Ef. 1:22). Así que si un miembro del cuerpo, deja su lugar ENTRE los demás miembros, ya no es miembro sino en cierto modo se ha constituido en una cabeza.

No podemos pasar por alto el ejemplo de Cristo, el cual, siendo el mayor, estaba ENTRE sus discípulos como el que servía. (Lc. 22:27), y esta condescendencia con la humillación, fue de tal magnitud, ya que no solo se despojó de su forma de Dios, sino que como hombre sufrió lo insufrible de esa humillación, por lo cual, Dios le exaltó hasta lo sumo, y le dio un Nombre que es sobre todo nombre. (Fil. 2:1-11). Ser el mayor requiere pagar el alto precio de la humillación (Mc. 9:35), pero la gran mayoría de los que dicen ser llamados por Dios, han querido “servir” a Dios sin pagar este precio, sin este requisito, más bien lo han evadido, pues en vez de ceñirse el mandil y coger la escoba y la cubeta para ponerse a disposición de la congregación, han hecho lo contrario, tomando el lugar de honor ENFRENTE de la iglesia, utilizando el púlpito como su trono, y sometiendo a sus hermanos, llegando a ser de este modo, “señores”, y no “siervos”.

Es así, de tal importancia y necesidad atender a lo que nos fue dejado en la Palabra, nuestra única norma de fe y conducta, y abrir nuestro entendimiento a la manera en que la iglesia se desarrolló desde un principio, cuando los ancianos estaban envueltos, mezclados y diseminados ENTRE la congregación como parte intrínseca de ella. Ellos no estaban atrincherados detrás de un púlpito o arriba de un entarimado, tampoco estaban separados por jerarquías, ni existía división entre clero y laicado, (como existe hoy en día), porque todos eran laicos, solo el Señor estaba por encima de ellos. Los ancianos cumplían con su función de una manera discreta, es decir, pasaban desapercibidos sin llamar la atención, no teniendo un concepto más alto de sí mismos del que debían tener, (Rom. 12:3). Ellos se involucraban con los demás, y participaban en la enseñanza y en la edificación mutua (1 Tim. 5:17), pero al mismo tiempo cuidaban del orden y la doctrina en cada reunión. Cuando se trataba de llegar a un acuerdo, toda la iglesia se esforzaba en llegar a un consenso, en esta situación, la guianza, sabiduría y consejo de los ancianos era de gran ayuda, debido a la madurez y al conocimiento que poseían, pero lo hacían sin ejercer ningún control, sabiendo que también eran miembros del cuerpo, lo mismo que los demás.

Cuando Pablo amonestó a los Corintios, usó la misma preposición ENTRE que Pedro, y se dirigió a ellos como a miembros que formaban un solo cuerpo, pero NO se dirigió a un líder en particular, sino que responsabilizó a todos por los problemas que estaban surgiendo en la congregación: “Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay ENTRE vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar ENTRE sus hermanos, sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos?”. (1 Cor. 6:5). ¡Parece ser que el pastor andaba de vacaciones¡. Esta regañada de Pablo a los Corintios, fácilmente nos enseña, que la iglesia en conjunto (no un hombre solo) debe manejar los problemas internos que se presentan en la misma. Obviamente, esta congregación todavía no había madurado lo suficiente al punto de tener sus propios ancianos o supervisores.

Cualquier misionero en nuestro tiempo, difícilmente se dirigiría en una carta a una congregación, pasando por alto, o haciendo de menos al líder de la iglesia (al menos que fuera para agradecer alguna ayuda económica), más bien sus cartas irían dirigidas al pastor como consiervo y figura importante en el ministerio. Causa alegría notar, que las cartas enviadas por los apóstoles, en especial Pablo, iban dirigidas a las iglesias en general y no a los ancianos, aunque estos eran reconocidos por su dedicación y trabajo ENTRE sus hermanos. La razón es obvia, los ancianos eran considerados iguales a los hermanos que ellos apacentaban, no había prejuicios en cuanto a ser el mayor, los ancianos no estaban separados físicamente de los demás por alguna clase clerical, ni por espacios en el lugar de reunión, todos se veían y se trataban con respeto, y como miembros del mismo cuerpo, como una familia, estaban juntos. Cada quien servía de acuerdo a sus dones o ministerios en un ambiente de solidaridad, y no había hermanos que sobresalieran sobre los demás para ser considerados más importantes que otros. Todo esto se trasluce a través de los escritos de los apóstoles, cuando la iglesia aún era bebe, cuando los dones o ministerios no se prestaban para ensalzar, o levantar a alguno sobre los demás, sino para servir voluntariamente, y para honrar a aquel que es sobre todos y en todos, ésto es Cristo.

La única manera en que podemos agradar a Dios, es derrumbando las estructuras apolilladas de las tradiciones eclesiásticas, que muchos siglos atrás definieron el curso de la iglesia, y sofocaron su vida y crecimiento, acortando su libertad e impidiéndole expresarse. Los que obstaculizan esta demolición son los que aman la complicidad con las tradiciones, me refiero al sistema pastoral instituido de un solo hombre AL FRENTE de una congregación, los cuales, un día fueron víctimas de una tradición transmitida, que los ha llevado a transmitir o perpetuar la misma, sin atender a lo que siglos atrás, nos fue legado en la bendita y santa palabra de Dios referente a su iglesia. –

Por Guillermo. Pérez, ¡Gracia y Paz!.

Ancianos Entre Vosotros

 

 

 

 

3 Comentarios
  1. Lucia del Carmen Berengo dice

    que claridad!…es evidente que el sistema religioso de siglos,a dejado a la humanidad en la ignorancia y esclavitud,Dios abra el entendimiento de muchos y huyan de el campamento!

  2. eduardo dice

    Me llama la atencion que pone …La única manera en que podemos agradar a Dios, es derrumbando las estructuras apolilladas de las tradiciones eclesiásticas… y marco la frace “la unica manera….” waooo y es que no hay otras maneras en las que agradamos a Dios tambien. Yo estoy de acuerdo con la expresion organica de la iglesia de Cristo… pero siempre estos escritos me dejan un mal sabor… se nos olvida que en ese modelo de iglesia millones hemos conocido del Senor… maduramos en el Senor… experimentamos el amor de Dios… y servimos a Dios… en ese modelo errado de expresion de iglesia tambien hay millones de hijos de Dios, de por si la mayoria de los hijos de Dios que son nuestro hermanos tambien estan ahi… y no tengo por que juzgarlos a todos como religiosos… de por si, los hermanos mas espirituales que he conocido estan aun siriviendo en una expresion tradicional de iglesia… y aunque creo firmemente que en este sentido estan mal… esto no quiere decir que no son verdaderos cristianos… ya que supuestamente no estan agradando a Dios de la unica manera que se le puede agradar “derriabando las tradiciones…” esto me deja con un mal sabor.

    1. JoseLBosque dice

      Estoy de acuerdo contigo Eduardo. Estamos madurando y aprendiendo y aveces el dolor del pasado habla mas alto.
      Gracias por tu explicación mi Amado hermano
      Con Mucho Amor,
      Jose Bosque

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