Cómo vemos la iglesia hoy

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El conocer al Señor Jesucristo depende mucho de cómo vemos la Iglesia Hoy.

“Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad en la tierra como en el Cielo”. – Mateo 6:10

La gran Epopeya que nos conduce al Gran y Eterno Propósito de Dios está centrada en una Esposa, un Hogar, un Cuerpo, y una Familia.
Estos cuatro elementos completan la gran narrativa de toda la Biblia. La Misión y el Plan de Dios –The Missio Dei- están envueltos en cada uno de ellos.
La misión de Dios es mucho más que una enseñanza teológica o religiosa, y pide una expresión y exposición práctica. El Señor quiere personas que sean la Esposa, el Hogar, el Cuerpo, y la Familia, en cada ciudad de este planeta.
Ahura vamos e explorar de forma práctica, la apariencia de una Iglesia o Asamblea local, que cumple el eterno propósito de lo que Dios tiene en Su corazón. Ese deseo que atesora desde la eternidad hasta aquí.

Comunión de la iglesia hoy

Como la futura esposa de Cristo, la Iglesia hoy está llamada a tener comunión, a amar, intimar, y relacionarse con el Esposo Celestial que mora en ella. La Iglesia que vive y reconoce esta dimensión marital, toma tiempo para darle su atención y su prioridad a su relación con el Señor. El adorarle es una prioridad que nace de forma natural en su corazón. Buscarlo, conocerlo, amarlo, y relacionarse con Él, son el centro de todo.
Las formas de amarle y tener comunión con Él son varias:
La oración.
La meditación.
La adoración mediante canciones, himnos, comunión, la Cena del Señor.
Y también a través de la Escritura.
Etc.
Estos medios no son solo para ser practicados y vividos por los miembros de la Iglesia individualmente, sino también de forma corporativa, en familia.
Imaginemos una Iglesia donde sus miembros se comunican y se relacionan durante la semana. Se reúnen en pequeños grupos y buscan al Señor en unidad. ¿Qué consiguen con esas reuniones? Ellos permiten y hacen posible que Cristo les ame, y de igual manera, ellos responden con amor y adoración a Su Señor.
También están aprendiendo a vivir la Vida Divina. La Iglesia hoy vive la Vida de Cristo. Jesucristo es la fuente de Vida de Su Novia, y el propósito de Dios es que los cristianos vivan mediante esa vida interior. Es algo que debemos aprender y practicar.
A los ojos de Dios, la dimensión y la grandeza de la desposada en la Iglesia, hace que este tipo de vida sea una realidad. De hecho, esta dimensión de la Iglesia se puede ver como el motor que conduce todas las actividades del cuerpo de Cristo. Es el amor de Cristo y por Cristo, la fuerza, y la energía que la motiva y le da vida.
La importancia de la Iglesia como la desposada de Cristo no es periférica. Es el centro de la vida y la misión de la Iglesia.

Visión Corporativa de la Iglesia hoy

La Iglesia está llamada a reunirse regularmente para mostrar la Vida de Dios a través de los dones y ministerios de cada uno de los creyentes.
¿Cómo lo hacemos?
No es a través de servicios religiosos donde unos pocos actúan para una audiencia pasiva. Sino a través de una participación comunitaria, abierta, donde cada uno de los miembros son sacerdotes y expresan funcionalmente la vida del Señor en una atmósfera amorosa y participativa. (1 Corintios 14:26; 1 Pedro 2:5; Hebreos 10:24; etc.)
Dios vive dentro de cada uno de Sus hijos. El Señor quiere inspirar a cada miembro de Su Familia para que comparta su vida en Cristo con el resto del Cuerpo. En el primer siglo, cada cristiano tenía el derecho y el privilegio de hablar a la comunidad. Es una expresión práctica de la doctrina Neotestamentaria sobre el sacerdocio de todos y cada uno de los creyentes.
La participación abierta de todos los miembros de la comunidad era muy común en la Iglesia primitiva. ¿Por qué? ¿Cuál era el propósito? Edificar a todo el cuerpo para que expresaran, mostraran y revelaran al Señor mediante cada miembro de Su cuerpo a todos los principados y poderes en los lugares celestiales. (Efesios 3:8-11)
Hoy en día, muchas Iglesias están bloqueadas en una sola forma de servicio, donde unas pocas personas ministran a una gran audiencia pasiva. Pero este tipo de servicio no revela a Jesucristo a través de cada miembro funcional de Su Cuerpo.
De la misma manera en que tampoco revela el liderazgo de Cristo, porque no es Él, el que guía y dirige la comunidad mediante Su Santo Espíritu. Por el contrario, líderes humanos dirigen lo que ocurre en la iglesia y quien participa. El hombre decide como, cuando, donde, y de que manera.
He escrito mucho sobre esto en mi libro “Iglesia Reconfigurada”. Sería suficiente decir que cada Iglesia debería tener una avenida para el funcionamiento ordenado de cada uno de los miembros de la Casa de Dios, donde cada cristiano ofrece su sacrificio personal al Señor y su ministerio al resto del Cuerpo de Cristo. A través de estas reuniones de hermandad, Dios se hace visible en Cristo y toda la Familia se beneficia y crece en estatura espiritual.
Esta dimensión de la Iglesia hoy no es periférica, sino central en la vida y en la misión del Cuerpo de Cristo.

La vida en comunidad de la iglesia hoy

Propiamente concebida, la Iglesia es una colonia del Cielo que ha descendido a la tierra para revelar la Vida del Reino de Dios.
Por su manera de vivir, sus valores, y sus relaciones interpersonales, la Iglesia vive una visión avanzada del futuro Reino Celestial, un Reino que pronto llenará toda la tierra “de la misma manera que las aguas cubren los mares”.
El propósito principal de Dios es Reconciliar el Universo entero bajo el liderazgo de Jesucristo (Col. 1:20; Efe. 1:10). Como la Comunidad del Reino, la Iglesia se levanta como la obra maestra de esa reconciliación, y como un ejemplo piloto de un Universo Reconciliado. Por esa misma razón, en la Iglesia, las fronteras entre los judíos y los gentiles han sido destruidas, de la misma manera ocurre con todas las demás barreras que nos dividen, como pueden ser nuestra denominación, raza, cultura, sexo, etc. (Gál. 3:28; Efe. 2:16).
La Iglesia hoy de Jesucristo vive y actúa como la Nueva Humanidad en la tierra. Una Humanidad que refleja la Comunidad de la Familia del Dios Padre.
Esa es la razón por la que cuando el mundo observa a un grupo de cristianos de diferentes culturas y razas, amándose los unos a los otros, cuidándose unos a otros, ayudándose unos a otros en suplir sus necesidades, viviendo contra la corriente de este mundo que rinde sus tributos a toda clase de dioses, en vez de glorificar y reconocer al verdadero Señor del Universo, Jesucristo; ellos están observando un ejemplo palpable de la Vida que viene en el Futuro Reino de Dios. Pueden observar una muestra del Cielo, viviendo hoy en día en y entre nosotros.
Como Stanley Grenz comentó: “La Iglesia es una comunidad pionera, una Familia que señala y revela lo que Dios tiene preparado en un futuro cercano para Su Creación.”
Fue esa “Comunidad del Reino” la que cambió el imperio romano en sus propias raíces. Ahí estaba esa gente que poseían un gozo inexplicable, que se amaban unos a otros con un cariño profundo y sincero, que tomaban decisiones en consenso, que solucionaban sus problemas en unidad, que se casaban entre ellos, que se ayudaban mutuamente en sus necesidades, y que eran una familia hasta la muerte. Ellos mostraban cómo será el futuro Reino de los Cielos, cuando Jesucristo reine y gobierne todo el Universo.
La lealtad de la Iglesia era para el Nuevo César, el Nuevo Emperador, el Señor Cristo Jesús, y ella vivía para Él y en Él, bajo Sus reglas de Amor y Justicia.
Como resultado de esa vida ejemplar, la respuesta de sus vecinos paganos era, “¡Mirad como se aman los unos a los otros!”.
Vivimos en una época en que la Iglesia occidental está atrapada entre la división, el individualismo, y la independencia. Por ello, muchas iglesias modernas no son auténticas comunidades mostrando la Familia de Dios. Por el contrario, son organizaciones institucionales que operan con los modelos de cualquier negocio, empresa o club del sistema.
El ADN espiritual de la Iglesia, siempre guiará a sus miembros a la comunidad auténtica y viable en el Señor. Siempre conducirá a los cristianos a compartir sus vidas a través del Espíritu Santo de Dios, que expresa una vida con los valores de Jesucristo. En otras palabras, los cristianos vivirán como lo que realmente son, la Familia de Dios.
De esa forma, la Iglesia unida, viene a ser la imagen visible del Dios Trino. Compartiendo en comunión con el Padre y el Hijo a través del Espíritu Santo, la Iglesia pone el amor de Dios a la vista del público, del mundo, y del universo. En realidad viene a ser la Familia de Dios en la tierra.
La dimensión familiar de la Iglesia no es perimetral, es central en la vida y en la misión de la Iglesia.

Comisión de la iglesia hoy

Ya hemos visto que cuando Jesucristo ascendió a los Cielos, decidió expresarse y mostrarse a sí mismo a través de un Cuerpo. Él quiso continuar Su vida y Su ministerio en la tierra. Como el Cuerpo de Cristo, la Iglesia no se preocupa únicamente por ella misma, sino que también se preocupa por el mundo que la rodea. Exactamente igual que Jesús, mientras anduvo por la tierra.
Las páginas de la historia están llenas de ejemplos mostrando cómo la Iglesia primitiva cuidaba a los pobres, se unía a los que sufrían injusticia, y suplían las necesidades de aquellos que morían de hambre o enfermedad. En otras palabras, las comunidades de los primeros cristianos cuidaban de sus vecinos no creyentes que sufrían.
En varias ocasiones una plaga invadía ciudades enteras, y los paganos huían dejando atrás a sus amados enfermos. Eso incluía a los médicos y a los curanderos. Pero eran los cristianos los que se quedaban para ayudar y atender a los enfermos en sus necesidades, algunos de ellos morían en el proceso.
Uno de los emperadores romanos, pagano, públicamente lamentaba que sus templos estaban perdiendo asistentes por culpa del ejemplo de “los cristianos, quienes, no solamente se cuidaban los unos a los otros, sino que también ayudaban a los nuestros.”
En el libro de los Hechos, y las epístolas de Pablo, Pedro, Santiago y Juan, abundan en ejemplos y las exhortaciones de cómo la Iglesia se preocupa y cuida de los necesitados. Este tema en particular, está diseminado por todos los documentos que forman el Nuevo Testamento. (Necesitaríamos otro libro para citarlos a todos).
Resumiendo, la Iglesia primitiva entendió que estaba llevando a cabo el ministerio de Cristo, con la guía de Espíritu santo. Ella entendió muy bien que Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos de los siglos. (Heb. 13:8).
Ese ministerio ya estaba anunciado en Lucas 4:18,19: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, Y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.”
Volvemos a encontrarlo en los Hechos 10:38: “Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él.”
A través de Su ministerio, Jesús enseñó lo que es el Reino de Dios mediante Su amor por los rechazados, Su amistad con los oprimidos, curando a los enfermos, limpiando a los leprosos, cuidando a los pobres, echando fuera demonios, perdonando los pecados, etc.
Si resumimos todas Sus obras y milagros, encontraremos que el denominador común en todas ellas era Su deseo de aliviar el sufrimiento humano y mostrar un ejemplo anticipado de lo que es, y de lo que será, el Reino de Dios.
Cuando Jesús hizo los milagros, demostraba claramente que Él estaba revirtiendo los efectos de la maldición y de la caída. En el ministerio de Cristo, una parte del futuro había penetrado en el presente. La Persona de Jesús mostraba el futuro Reino de Dios donde los sufrimientos humanos serán erradicados, y donde habrá paz, justicia, libertad y gozo.
La Iglesia, siendo el cuerpo de Cristo, continúa con Su ministerio, y Cristo mismo, con la ayuda del Espíritu Santo lo está completando en, y con nosotros. La Iglesia se levanta en el mundo como una señal del venidero Reino Celestial. La Iglesia vive y actúa en la realidad de que Jesucristo es el Señor del mundo y del universo hoy en día. Vive en la presencia del futuro… en el Reino de Dios, que es una realidad, pero que aún no es totalmente visible.
Por esta razón, la Iglesia está llamada a proclamar la manifestación material del Reino ahora; a traer un poco de la Nueva Creación a la vieja creación, un trocito de Cielo a la tierra. Todo ello, demostrando al mundo lo que ocurre cuando Dios gobierna nuestras almas. En la Vida de la Iglesia, ya ha comenzado el Futuro de Dios.
La dimensión de la misión de la Iglesia tiene que ver con la exposición de Cristo que vive en ella, a los que viven fuera de ella. Tiene todo que ver en como ella expresa, revela, y muestra a Cristo, a este mundo.
Jesús completó la misión de Israel en Su ministerio terrenal (Gén. 18:18). Pero desde Su resurrección, Él ha comisionado a Su Iglesia para que continúe esa misión.
He aquí, que la Iglesia existe para completar la llamada original de Israel a ser “Bendición para todas las naciones, “Anunciar la paz, traer nuevas del bien, publicar salvación para los pobres, y ser luz en el mundo” (Gén. 22:18; Isa. 49:6; 52:7).
La Iglesia se levanta como el Nuevo Israel (Gál. 6:16). Y demuestra claramente que el Jesús que caminó por esta tierra es el mismo Cristo que ha tomado residencia en los corazones, las mentes y las almas de sus miembros.
Esta dimensión de la Iglesia no es periférica. Es central en la vida y en la misión de la Iglesia.

Sumario sobre la iglesia hoy

¿Como lleva a cabo la Iglesia local el Eterno Propósito de Dios?
Simplemente: Amando al Señor Jesús como Su futura esposa, y aprendiendo a vivir por la vida interior de Cristo dentro de nosotros (comunión).
Edificando a sus miembros mediante la revelación del Señor Jesucristo, funcionando y operando en todos los miembros de la Iglesia como sacerdotes en la Casa de Dios, y participando todos como miembros del Cuerpo de Cristo (revelación corporativa).
Compartiendo nuestras vidas en la Familia de Dios, mostrando de forma visible lo que es el Reino de Dios ante un mundo decadente y moribundo (vida en comunidad).
Expresando y ejercitando la imagen y la autoridad de Dios sobre la tierra; la misma comisión que Dios le encargó a Adán en cuidar el Jardín del Edén (comisión).

¿Cual es la finalidad que tiene Dios? ¿Cuál es Su Gran Misión?
Su deseo es extender la Vida y el Amor de la Comunidad Trinitaria. Es aumentar el compañerismo del Dios Padre para que se refleje en la tierra. Esa es la meta de la evangelización. Esa es la meta de todas las actividades en la Iglesia. Ese es el sueño y el deseo de Dios, ese es Su Eterno Propósito. Él quiere una Esposa, un Hogar, una Familia, y un Cuerpo que es en Él, por Él, a través de Él, y para Él.
El reino de Dios, es equivalente al Señorío de Jesucristo, y tiene también ese deseo y Eterno Propósito. Esto debería darnos una nueva visión de la Iglesia y de la misión de Dios para el planeta. Y esto, debería ayudarnos a re-calibrar completamente la manera en que la Iglesia vive y se expresa en la actualidad en el mundo.
Como hemos visto, la Meta Principal de Dios y Su Gran y Eterno Propósito empezó en Génesis 1, antes de la caída del hombre, y no en Génesis 3, después de la caída. El no comprender este principio ha sido el fundamento que el enemigo ha usado para confundir, atacar, y dividir a la Iglesia y a los movimientos misioneros.
Para lograr satisfacer lo que late en el Corazón de Dios, debemos remontarnos a Su Perfecto Plan y Propósito, creado antes de la caída del hombre. En ese principio descubriremos el Precioso Eterno Propósito de Dios para Sí mismo, y para Su Familia.
Reconocer esa realidad lo cambia todo para la iglesia hoy.

-Frank Viola – De su libro “From Eternity to Here”
(De la Eternidad, Hasta Aquí)
(Capítulo 27)
(Traducido por José Torres Arjona)

Como vemos La Iglesia Hoy

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