La Vida Divina en su Iglesia

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La vida divina en Su Iglesia fue y debe ser mucho mas que una reunión semanal. Suena fácil, pero no lo es, porque los humanos tenemos la tendencia de “hacer cosas físicas” para obtener el mérito y la gloria por nuestras obras.
La Vida de Dios quiere manifestarse de forma real en lo personal, y en lo corporativo, como Su Iglesia. Sin embargo, durante 1700 años el hombre natural ha reemplazado esa Vida divina en Su Iglesia por sus obras, sus ideas y sus intenciones religiosas, pero Dios quiere ponerle fin a esa obra religiosamente humana y quiere que Su Iglesia vuelva de nuevo a Él.
Básicamente Dios nos está pidiendo que paremos todo lo que estamos haciendo, en todos los niveles. Parar toda nuestra actividad mental y religiosa, para poder volver a nuestro Primer Amor, la Vida de Cristo formándose en lo más profundo de nuestras almas.
Debemos parar completamente nuestras buenas ideas, buenas obras, y buenas intenciones en todos los niveles para poder volver a Dios y permitir que Su Espíritu Santo nos prepare para la Venida de nuestro Señor y Cristo.
Nos acercamos a la escena final de la historia de la humanidad, el Verdadero Señor de este mundo vuelve por Su Esposa. El Apocalipsis nos demuestra que en esta última página de la historia mundial, el Amor de Dios manifestado y visible en Su Iglesia va a ser el Gran Protagonista.
También aclara que existirá un remanente viviendo mediante la Vida de Cristo sustentado por el Amor de Dios. Ellos amarán a Dios con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas y con toda su mente. Esas personas habrán recibido el Amor de Dios, Jesucristo, porque ese Amor y esa Vida sólo se obtienen cuando Dios mismo nos posee y entra dentro de nosotros. La Vida de Dios no se obtiene de ninguna otra forma. Es interna y es eterna.
Dios no puede darnos Su Amor, a menos que posea nuestras almas y viva dentro de nosotros. Y Dios no puede darnos nada, ni quiere darnos nada, excepto a Él mismo. “Ya no vivo yo, mas es Cristo el que vive dentro de mi.” dijo Pablo.
Ocurre lo mismo con la Vida, Jesucristo. Dios tiene que entrar en nosotros para ser la Vida divina que nos sustenta, por la cual somos hechos hijos de Dios y por la cual vivimos. Ningún ser humano tiene la capacidad o el poder de desarrollar el Amor y la Vida de Dios si no le es dada desde lo alto, tomando posesión de nuestras almas. Esta realidad es una completa imposibilidad para los humanos.
El Amor Divino y la Vida de Dios son la Persona de Cristo y se hacen realidad cuando nuestro Señor toma control y posesión de nuestros corazones. Por un lado tenemos la “vida de la iglesia” y por otro lado tenemos la “Vida de Dios”, ambas tienen diferentes naturalezas y se oponen entre sí.
Hemos llegado a la “vida de Iglesia” a causa del poder latente del alma carnalmente religiosa y de nuestra rebelión contra Dios. Llevamos generaciones siguiendo costumbres y tradiciones pensando que la “vida iglesiera” es la obra de Dios, pero es el trabajo de los hombres tratando de copiar o reproducir la Vida divina por sus propias manos siguiendo el razonamiento del árbol del conocimiento del bien y del mal.
El sistema protestante ha logrado construir todas esas edificaciones, con sus respectivos líderes, sus propias denominaciones, sus doctrinas, sus programas, reuniones, cultos, estudios bíblicos, encuentros, prácticas, etc. Tradiciones, estructuras y conceptos que dejan sin efecto el Propósito de Dios para Su Iglesia.
Y es así, porque existe una diferencia abismal entre la Vida Palpitante Eterna de Dios y todo lo que existe en este mundo. La Iglesia de Cristo NO es de este mundo, la Iglesia es celestial, y es divina, no terrenal. Nosotros no somos de este mundo, somos peregrinos, porque Dios nos sacó de aquí y estamos de paso. La Iglesia no es física, sino espiritual, porque Dios es Espíritu y Sus hijos son los que son guiados desde dentro de sus almas por el Espíritu y la Vida divina que opera dentro de ellos.
La Verdadera Iglesia es la Obra de Dios mismo, no del hombre. Y todos los hombres que utilizan, falsifican y manipulan Su Iglesia según su propio razonamiento humano, están bajo el Juicio de Dios. Este es el tiempo de abandonar la Babilonia religiosa para volver al terreno Celestial y buscar la Voluntad de Dios para nuestras vidas, reconociendo y aceptando que Dios no habita en edificios y que es una locura llamarlos “la iglesia”.
Dios no construye templos, Dios construye Su Iglesia y Su Reino con piedras vivas y corazones que laten por la vida divina que mora en ellos. La Palabra es muy clara y precisa en este tema. En el libro de los Hechos, y también, cuando Salomón construyó el templo, Dios mismo le dijo que Él no lo habitaría. Lamentablemente, lo único que aprendemos de la historia es que nunca aprendemos, y volvemos a cometer los mismos errores.
Esos infames templos y las tradiciones humanas han sido la base de la Iglesia durante 1700 años y tenemos muy poco tiempo para volver al Camino y a la senda estrecha de Dios, recordando que todo lo que no proviene de Dios se quemará como la hojarasca. Tenemos pocos años para concentrarnos en el Reino de Dios interno, viviendo, formándose y creciendo en nuestro interior.
Dejemos que sea Dios mismo el Autor y el Consumador de nuestra fe, la fe de Cristo dentro de nosotros, nuestro Primer Amor.
Tenemos poco tiempo para empezar de nuevo sabiendo que la Obra de Dios funciona enteramente dentro de nosotros, no fuera, en lo externo. Dios opera en lo eterno, no en lo temporal. Su Reino en la tierra crece dentro de nuestros corazones, no en lo físico.
“Jesús les dijo: —El Reino de Dios no va a venir en forma visible. No viene con anuncios ni manifestaciones físicas. La gente no dirá: “Está aquí” o “Está allí”. En realidad, el Reino de Dios está dentro de vosotros.”
(Lucas 17)

“The Life Series”
(La Vida) Parte 1 – Enero 2019
Terry Bennett
(Traducido por José Torres Arjona, en Gerona-España)

 

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