La reunión en sí

Cada discípulo debe llevar su porción de responsabilidad y transmitir a los demás lo que él mismo ha recibido del Señor.

492

La reunión no depende de la dirección de un hombre, cada uno participa como el Espíritu dirige. No es un ministerio “de un hombre”, sino un ministerio del Espíritu Santo.

Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?…¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación. Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios. Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos” (1 Co. 14:23, 26-33).

Este pasaje de las escrituras describe una verdadera reunión de la iglesia. Aquí no vemos a un hombre dirigiendo mientras los demás lo siguen, sino que todo aquel que tiene dones contribuye en el encuentro como el Espíritu los dirige. En esta clase de reunión cualquier miembro que el Espíritu indique puede ser el predicador, y cualquiera puede ser parte de la audiencia. No depende de la dirección de un hombre, cada uno participa como el Espíritu dirige. No es un ministerio “de un hombre”, sino un ministerio del Espíritu Santo.

Los profetas y maestros ministran la Palabra a medida que el Señor la da, mientras que otros ministran a la asamblea de otros modos. No todos pueden profetizar y enseñar, pero todos pueden procurar profetizar y enseñar (v. 1). Se da la oportunidad a cada miembro de la iglesia de ayudar a los otros y se da la oportunidad a cada uno de ser ayudado. Un hermano puede hablar en un período de la reunión y otro más tarde; usted puede ser escogido del Espíritu para ayudar a los hermanos esta vez, y yo la próxima vez. En cada reunión el Espíritu escoge a cualesquiera de los presentes.

Se ve de inmediato que tales asambleas son asambleas de la iglesia porque el sello de mutualidad es evidente en todos los procedimientos.

El sello de “unos a otros”.

Hay solamente un versículo en el Nuevo Testamento que habla de la importancia de que los cristianos se congreguen; es Hebreos 10:25:

“No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. 

Este versículo demuestra que el propósito de tal asamblea es exhortarnos unos a otros. Claramente ésta no es  una reunión apostólica porque no se ve a un hombre exhortando a la asamblea entera, sino a todos los miembros asumiendo igual responsabilidad para exhortarse unos a otros.

Según la crónica de las Escrituras hay varios propósitos para los cuales la iglesia se reúne. Veamos:

Primeramente, para la oración (Hch. 2:42; 4:24, 31; 12:5);  en segundo lugar, para la lectura (Col. 4:16; 1 Ts. 5:27; Hch. 2:42; 15:21, 30-31); en tercer lugar, para partir el pan —las reuniones con este propósito no son reuniones presididas por un solo individuo el cual lleva toda la responsabilidad, puesto que se hace referencia a “la copa de bendición que bendecimos….El pan que partimos” (1 Co. 10:16-17; Hch. 2:42; 20:7; y en cuarto lugar, para el ejercicio de los dones espirituales (1 Co. 14). Esta clase de reunión es una reunión de la iglesia, puesto que la frase “en la iglesia” es usada repetidas veces en el
pasaje que la describe (vs. 28, 34-35). De esta reunión se dice que en ella todos pueden profetizar.

¡Cuán diferente es esto de tener un hombre que predica mientras todos los demás se sientan silenciosamente en sus bancos escuchando su sermón! Tal reunión no tiene lugar entre las diferentes reuniones de la iglesia. La actividad unilateral en la esfera de la iglesia carece del rasgo distintivo que encontramos en las escrituras; y cuando se hace cualquier intento de colocarlas en el programa de la iglesia, sin duda resultarán muchos problemas.

¡Qué lástima que esta forma de reunión es la principal característica de las iglesias hoy! A ninguna otra reunión asiste la gente con tanta regularidad como a ésta. ¿Quién es considerado un buen cristiano realmente? ¿No es uno que va a la iglesia el domingo por la mañana cincuenta y dos veces al año para oír al ministro predicar? Pero esto es pasividad, y anuncia muerte. Aun el que ha asistido a “la iglesia” cincuenta y dos domingos al año, de hecho no ha estado en una reunión de la iglesia ni una sola vez.
En este tipo de encuentros los creyentes se vuelven pasivos e indolentes, siempre esperando ser ayudados, en lugar de buscar, dependiendo del Espíritu, ser útiles a los otros hermanos. Esto es contrario a los principios neotestamentarios de ayuda y edificación mutuas.

¿Por qué se debilitan las iglesias?

La razón por la cual las iglesias en China todavía son tan débiles después de cien años de misiones cristianas, es porque los siervos de Dios han introducido en las iglesias locales un tipo de reunión  en que si asisten a los servicios y sólo reciben pasivamente todo lo que se les enseña allí, han cumplido con la parte principal de su deber cristiano. La responsabilidad individual se ha perdido de vista, y la pasividad ha impedido el desarrollo de la vida espiritual en todas las iglesias.

Además, para mantener la predicación del domingo por la mañana, se debe tener un buen predicador. Por tanto, se necesita un obrero no sólo para manejar los asuntos de la iglesia sino también para mantener las reuniones para dar ánimo espiritual. Es natural que si todos los domingos se ha de dar un buen mensaje las iglesias esperen siempre a alguien que esté mejor capacitado para predicar que los hermanos locales recientemente convertidos. ¿Cómo puede esperarse de ellos que salga una buena palabra una vez a la semana? ¿Y de quién puede esperarse que predique mejor que un siervo especialmente llamado por Dios? En consecuencia un apóstol se establece a pastorear la iglesia, y por ende, las iglesias tanto como la obra pierden sus características distintivas.
El resultado es una seria pérdida en ambas direcciones. Por un lado, los hermanos se vuelven perezosos y egoístas porque su pensamiento se encierra solamente en ellos mismos y en la ayuda que puedan recibir, y por otro lado, los territorios que no han sido evangelizados se quedan sin obreros porque los apóstoles se han instalado y se han convertido en ancianos. Por falta de actividad el crecimiento espiritual de las iglesias se detiene, y por carencia de apóstoles se impide también la extensión de la obra.
Cuando Dios bendice nuestros esfuerzos en cualquier lugar para la salvación de las almas, debemos asegurarnos de que los salvos comprendan, desde el principio, que deben reunirse en sus hogares o en otros lugares para orar, estudiar la Palabra, partir el pan y ejercitar sus dones espirituales; y en tales reuniones su objeto debe ser ayuda y edificación mutua. Cada individuo debe llevar su porción de responsabilidad y transmitir a los demás lo que él mismo ha recibido del Señor.

La dirección de las reuniones no debe ser la carga de ningún individuo, sino que todos los miembros deberían llevar la carga juntos y deberían procurar ayudarse unos a otros dependiendo de la enseñanza y guía del Espíritu, y dependiendo también de que el Espíritu les dé poder.

(Tomado del libro “La iglesia normal” autor: Watchman Nee)

 

1 comentario
  1. Alvin Ingledew dice

    Excelente Oscar. Si nos sacamos la vergüenza/apatía, todos vamos a funcionar, desde los mas debiles hasta nuestros mayores. Todos participando

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.